sábado, 18 de octubre de 2014



LANZA TU ALMA
Fotografía de Jackeline Rojas Soto.

Lanza con amor tu sentir al viento
que un pájaro azul toma tu misiva;
con rumbo hacia el sol la mantiene viva,
hasta ser un eco en el firmamento.

Cuando cantas tú, mueves el cimiento,
incluso del alma más represiva;
calmas un volcán con su furia activa
y haces de la flor ejemplo de aliento.

Lanza sin temor tu melancolía
que hay ángeles prestos a andar contigo,
por un horizonte de poesía.

Que tu corazón como fiel testigo
te mire lanzando la cobardía,
que es tu fe en ti misma la luz que digo.

Juan Guillermo Mora Peña.

lunes, 14 de julio de 2014


REFORMACIÓN.

Equilibrando para reformarme:
pongo tu voz en mi melancolía,
tus ojos bellos cual luz de mi día...
tus suaves manos para acariciarme.

En toda guerra te haré mi desarme
y en esos labios haré poesía
con besos nuevos color fantasía,
que sigan vivos después de matarme.

Serás amor en la cima del mundo,
desde mi ser al valor de la vida
y haré que crezcas a cada segundo.

Dejo a tus pasos mi huella perdida,
para qué encuentren el sueño profundo
de mi confianza por ti decidida.

Juan Guillermo Mora Peña.

sábado, 5 de julio de 2014

CRISTINA



CRISTINA. (Renovado)

En una tarima de barra nocturna,
Cristina menea su cuerpo sediento
tal vez de locura, tal vez del intento
de echar al olvido su fe taciturna.

Se mueve sensual y produce tortura
a los muchos sueñan llevársela lejos,
algunos que ataron su vida a complejos
de ser inferiores sin una aventura.

Mas ninguno sabe que en su alma acuna,
tristezas y golpes de seres perversos
por falsa belleza, glorias y universos
dados en los vicios que atren la luna.

No ven que mostrarse, es la dictadura
que le queda a aquellos que acaban sin sueños,
que cierran los ojos por verse pequeños
hasta que al fin pueden tener alma dura.

Los que están vacíos ven su sabrosura
y creen que alegres se iría con ellos,
tal vez hasta ofrecen riqueza y destellos
por poder besarla y atar su cintura.

Pero no es Cristina la mujer que apura
a hacerse volcán en el frío de un lecho,
y al salir conmigo les muestra el derecho
que tiene de amar sin vender su figura.

Juan Guillermo Mora Peña.

domingo, 18 de mayo de 2014

DÁDIVA DE LA PLAYA.

Fotografía de Betty Suarez


En esta playa sus pies sobre la arena agraciada,
dejaron honda la huella de la esperanza segura,
de que en ondas el amor traería la aventura
que ante el árbol solitario la dejara acariciada.

Soñaba que los delfines de la mar en avanzada
custodiaban el velero del marino que se augura;
algún joven soñador que la abrace con dulzura
y descubra la sonrisa de quien besa apasionada.

Se deleitaban las olas viendo cada tarde al hada
adornar la playa blanca con su mágica figura,
besada por su marea y alentada en su frescura,
siendo más fiel cada día a su espera ilusionada.

Pero todos maduramos con el tiempo y su rodada
y entendemos que la niebla, sigue siendo luz oscura
y en algún auto-reproche sintió infantil travesura,
el amor que entre lo incierto le invadía la mirada.

Tomó el camino de vuelta, aquella tarde nublada
con un vientecillo helado congelando la ternura,
dejando sobre sus manos esa constante tortura
de mirárselas vacías como mereciendo nada.

Entonces en el desmayo de su tristeza cansada
cayó sin conocimiento, ya sin valor ni premura:
y al volver a abrir los los ojos, reconoció la hermosura
del espejo de unos ojos en que se vio enamorada.

Juan Guillermo Mora Peña.

domingo, 26 de enero de 2014

RETOMANDO NUESTRO CAMINO.


 
RETOMANDO NUESTRO CAMINO.

Equidistantes las rosas nos señalan nuestro nicho,
sin objeción florecidas, perpetuas a la esperanza;
en su especial sembradío juramos que nunca alcanza...
a terminar nuestro sueño, siendo amor y no capricho.

Ya hemos hecho demasiado por el yugo prometido;
mis pies recorrieron años de ausencias y de enseñanzas,
y hoy por último destino no desean más labranzas
que el umbral de tu regazo y tus brazos extendidos.

Tus labios como página del nuevo libro que escribo,
tus ojos el mar profundo de mi letra siempre clara...
tu vientre la antología de mi esfero que no para
y éste tiempo mi pasado que por los dos lo concibo.

Dame tú la voz amada para guiarme en el camino,
y en el rosal de la vida visualiza mi llegada,
no le quites las espinas que vas a acabar cansada,
además penas y glorias, forjan mejor el destino.

Por favor, ten tu alegría preparada con su brillo
mientras pintas de tu gracia las paredes de la casa;
yo muy pronto llegaré con mi calor y su brasa
a abrazarte y a cantarte del amor un estribillo.

Juan Guillermo Mora P.

sábado, 25 de enero de 2014

MI PUEBLO.



MI PUEBLO.

Dijo el gallo que amanece
en su canto escandaloso
y le da fin al reposo...
y al silencio que acontece;
la mañana se embellece
con el sol y su presencia,
pero no borra la ausencia
de mi pueblo y su mirada,
que está en mi pecho clavada
como luz de mi existencia.

No tienen culpa sus campos
de no tener mis pisadas,
ni sus calles adornadas
con sus colores y encantos;
pero en mí siguen sus cantos
en recuerdos y nostalgia,
de aquella gloriosa magia
de su gente apasionada,
del arte y verso inspirada
como un don que no se plagia.

Juro que en sueños he vuelto
y aunque parece distinto,
sigue siendo ese recinto
puesto en un paisaje esbelto...
donde quedaba resuelto
el miedo a las soledades,
los encuentros sin maldades
con los amigos de infancia
y la primera fragancia
del amor sin falsedades.

Hoy se torna en alegría
mi camino de viajero,
pues a paso más ligero
me uniré a la romería,
de los que también un día
como yo lo abandonaron,
pero no se cautivaron
con los soles de otra tierra,
pues su clamor nos aferra
como niños que lo amaron.

Juan Guillermo Mora Peña.


ESTA SERÁ TU CASA.

Esta será al fin tu casa y tu corazón mi derecho,
y el sol bajo el mismo techo sentirás que nos abraza;
viviremos con la gracia de tanto amor en el pecho...
que el temor será deshecho porque el valor lo rebaza.

Triunfal será tu llegada, pero más grande mi beso
y no daremos receso a nuestra unión tan soñada,
puedes venir preparada pues no querrás un regreso
y es que en los dos está impreso nuestro amor y su llamada.

Esta casa humildemente con su calor yo te ofrezco,
espero si lo merezco que te sientas cobijada,
que empieces entusiasmada a brindarle un aire fresco
que igual que te pertenezco, de ella dueña estás nombrada.

Para mí será un castillo donde gobiernan las almas
de dos que se adoran tanto que no han sentido estar lejos;
sin lugar a los complejos siempre erguidos como palmas,
en el dolor somos calma y en la alegría, reflejos.

Pon a gusto los colores que no serás criticada,
y cortinas delicadas que no oculten nuestro tiempo;
que seamos tras sus muros quienes lo nombran su templo
y fundemos la familia que crecerá ilusionada.

Juan Guillermo Mora Peña.